jueves, 14 de febrero de 2013

PROPONDRÍA ASAMBLEA CONSTITUYENTE

Más tarde la idea la recogió la Alianza Democrática

El día que el ex Presidente Frei Montalva propuso una asamblea constituyente para elaborar una nueva Constitución

Ante el adverso escenario que veía venir con la segura aprobación de la nueva Carta Fundamental promovida por Augusto Pinochet en el plebiscito de 1980, uno de los líderes más carismáticos del falangismo planteó la alternativa del polémico mecanismo para elaborar un documento que representara genuinamente a la nación chilena. El ex jefe de Estado pronunció el discurso el 27 de agosto de ese año, frente a cientos de personas que lograron llegar hasta el Teatro Caupolicán.
La idea de la asamblea constituyente para cambiar la actual Carta Magna no es nueva. Y lo sorprendente es que surgió incluso antes de que fuera ratificada la que rige, con retoques más o menos, hasta el día de hoy. Un ya lejano 11 de septiembre de 1980, los chilenos debieron concurrir a las urnas en plena dictadura de Augusto Pinochet para “votar” la flamante Constitución, en un cuestionado plebiscito que la oposición de la época daba por perdido de antemano. Fue en ese contexto que los opositores al régimen convocaron a un encuentro para el 27 de agosto en el Teatro Caupolicán, cuyo principal orador fue el ex Presidente Eduardo Frei Montalva y cuyo discurso quedó grabado para siempre en la historia política. En él abogaba no sólo por el retorno a la democracia, sino de manera clara y explícita por la conformación de una asamblea constituyente que se abocara a elaborar nuestra Carta Fundamental.
Ese día y casi al final de su largo discurso, seguido por la crema y nata de los más altos representantes de la oposición chilena, entre los que efectivamente se encontraba el actual Presidente Sebastián Piñera, junto a su padre, el líder falangista sostenía que la opción a lo que el régimen militar ofrecía parta cambiar el rostro de Chile era “encontrar un camino que nos permita ser lo que fuimos: una Patria libre y democrática, con instituciones renovadas de acuerdo a las nuevas realidades y exigencias. Fundados en estas razones es que venimos a proponer una alternativa para Chile, que le permita retornar a la democracia debidamente renovada”. Acto seguido, se explaya respecto a una serie de planteamientos que la oposición, no del todo organizada hasta ese momento, pretende que el régimen de Pinochet escuche.
Entre ellos, que “constituido este gobierno de transición se elija por votación popular una asamblea constituyente u otro organismo auténticamente representativo de todas las corrientes de opinión nacional, como fue en 1925, que tendrá a su cargo la elaboración de un proyecto de Constitución. Este proyecto se someterá a plebiscito, bajo un sistema que dé absolutas garantías, y con opciones claramente definidas y plena libertad de expresión”.
Ese día y casi al final de su largo discurso, seguido por la crema y nata de los más altos representantes de la oposición chilena, entre los que efectivamente se encontraba el actual Presidente Sebastián Piñera, junto a su padre, el líder falangista sostenía que la opción a lo que el régimen militar ofrecía parta cambiarle el rostro a Chile era “encontrar un camino que nos permita ser lo que fuimos: una Patria libre y democrática, con instituciones renovadas de acuerdo a las nuevas realidades y exigencias. Fundados en estas razones es que venimos a proponer una alternativa para Chile, que le permita retornar a la democracia debidamente renovada”.
Años más tarde, el concepto de la asamblea constituyente para cambiar la Constitución sería asumido oficialmente por la Alianza Democrática —como bien recuerda el ex PS Carlos Ominami en su columna de El Mercurio, el lunes 4 recién pasado—. De hecho, la alianza opositora nació formalmente como tal en el año 1983 y en sus diálogos oficiales con el entonces ministro del Interior de la dictadura, Sergio Onofre Jarpa, hizo suya la propuesta de Frei del año ’80.
En la primera cita con Jarpa, el 25 de agosto de 1983, la oposición presentó el documento “Bases del diálogo para un gran acuerdo nacional” que contenía los tres ejes fundamentales para alcanzar un acuerdo con la dictadura: convocar a una asamblea constituyente para redactar una nueva Constitución; la instalación de un gobierno provisional que asegurara el pronto retorno a la democracia y, como es obvio, la salida de Pinochet. Como consta en un documento que el Partido Socialista registra hasta ahora. Y que constata que tanto la tienda encabezada actualmente por el diputado Osvaldo Andrade como la Democracia Cristiana fueron los primeros en sostener que la Constitución de 1980 debe ser modificada a través del mecanismo de la asamblea constituyente, pues era considerada de origen “ilegítima”.
De allí que haya quienes, tanto en la DC como en el PS, no entiendan la negativa de algunos en ambos partidos a la fórmula planteada originalmente por Frei Montalva. Dado, explica una fuente falangista, que “Eduardo Frei Montalva, a quien nadie puede acusar de comunista ni mucho menos, planteó este mecanismo cuando estaba el debate de si votar Sí o No cuando Pinochet la llevó a plebiscito. Su postura es tan válida ahora como en esos años, porque por más que se la parche esta Constitución siempre será ilegítima, porque lo es desde su origen. Y eso es lo que hay que corregir”. Los que entre sus socios del Partido Socialista están en la misma postura, coinciden en que aunque el ex Presidente Ricardo Lagos haya puesto su firma a la Carta Fundamental “eso no cambia el hecho de que todavía es una Constitución que nos fue impuesta y que los enclaves autoritarios más significativos aún persisten. Es por eso que, por ejemplo, no se puede cambiar el sistema binominal”.
Lo cierto es que más allá de lo que sostengan ahora los máximos dirigentes de los partidos, la asamblea constituyente fue desde el primer momento la fórmula a la que esperaban echar mano quienes vaticinaron, el año 1980, el lastre que podría significar para la democracia futura la Constitución de Pinochet que nació al alero de la figura política de la derecha de esa época, fundador de la UDI, el asesinado senador Jaime Guzmán Errázuriz.

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